Se optó por retirar los muebles antiguos, muy clásicos y pesados, que no correspondían con el estilo relajado de la isla, más propios de un piso regio en la ciudad. El objetivo fue apostar por la simplicidad y dar protagonismo a las impresionantes vistas al mar. Para ello, se abrieron grandes ventanales en el porche, permitiendo que la luz natural invadiera el espacio y conectando de manera fluida el interior con el exterior.
Otro aspecto clave de la reforma fue integrar el salón, el comedor y la cocina, que antes estaban separados por una pequeña habitación y un pasillo. Ahora, la cocina y el comedor disfrutan de vistas al mar, creando un ambiente abierto y acogedor.
El resultado final es un espacio veraniego y refrescante, ideal para disfrutar del sol y las vistas al mar, invitando al relax y al disfrute del entorno.



















